fe de erratas

29 sept. 2008

El verdadero peligro para México

El verdadero peligro para México
Lorenzo Meyer
Septiembre de 2008

DESVIAR LA ATENCIÓN
El auténtico peligro para la viabilidad de México ha estado a la vista de todos y desde hace mucho tiempo: la profunda corrupción de sus instituciones públicas.
Vicente Fox y la alianza conservadora que él encabezó encontraron muy útil concentrar el grueso de la energía y recursos del gobierno y sus aliados –medios de difusión, organizaciones empresariales, iglesias, el viejo corporativismo, etcétera- en difundir la idea que el gran peligro para México eran la oposición electoral de izquierda y su proyecto. A estas alturas, ya debiera de haber quedado claro que el auténtico enemigo de la sociedad mexicana ha sido otro: la gran corrupción pública y su inseparable acompañante, la impunidad.
Ambos factores, aunados a la falta de dinamismo de la economía y a la muy injusta estructura social, son las razones principales de que el crimen organizado haya alcanzado la posición dominante que hoy ejerce. Y lo peor es que quienes se suponen que encabezan la lucha contra las organizaciones criminales son los que antes engañaron con el falso diagnóstico pero que hoy se alarman porque la descomposición del entramado institucional ha llegado al punto que ya apareció el terrorismo incipiente.

UNA DEFINICIÓN
Una forma de empezar a entender las razones de un fenómeno complejo es formular una definición adecuada, y la profesora Cindy C. Combs propone una particularmente útil del terrorismo: 'una síntesis de guerra y teatro, una dramatización de la violencia más condenable –la que se perpetra contra gente inocente- que se desarrolla frente a una audiencia con la intención de crear un clima de miedo con objetivos políticos', (Terrorism in the Twenty-First Century: Universidad de Carolina del Norte, 2003, p. 10).

Lo ocurrido el pasado 15 de septiembre en la celebración de la independencia nacional en Morelia –el estallido de dos granadas lanzadas deliberadamente sobre una multitud que celebraba un aniversario más de la independencia-, se corresponde con la definición de Combs: una brutal puesta en escena de la peor de las violencias, aunque ya no para crear sino para exacerbar el miedo colectivo.

A partir de ese atentado quedó claro que nadie se debe considerar a salvo de la violencia criminal: ni pobres ni ricos, ni niños ni ancianos, ni los comprometidos ni los indiferentes, ni los de izquierda ni los de derecha. Obviamente, el objetivo final de quienes actuaron en Morelia es político: mandar un mensaje a los responsables de formular e implementar la política estatal contra el crimen organizado para que no interfieran con su actividad.

En principio, la acción en Morelia pareciera diseñada para demostrar a todos que, no obstante la movilización militar ordenada por Felipe Calderón desde diciembre del 2006, su gobierno no es capaz de cumplir con su función básica y razón de ser: proteger la vida y bienes de los ciudadanos.

¿Quién exactamente decidió poner en evidencia la incapacidad de las autoridades mediante un ataque a gente absolutamente al margen de cualquier acción contra las bandas criminales? No lo sabemos aún, pero queda claro que esa acción es simplemente el eslabón más reciente de una cadena que empezó con el reguero público de cadáveres de narcotraficantes rivales, policías e incluso de algunos militares (¡más de 3,300 en lo que va de este año! ).

Esa mezcla de teatro y guerra subió de tono con las mutilaciones y decapitaciones de algunas de las víctimas, con los mensajes a las autoridades en sitios públicos y dio un paso más con las ostentosas matanzas colectivas, como las recientes en Yucatán y en La Marquesa –de una docena pasaron a dos docenas de ejecutados en una sola acción y sin que quede claro por qué se les ejecutó- para concluir con lo ocurrido el pasado día 15: el asesinato de ocho inocentes frente al gobernador del estado, en una plaza supuestamente vigilada y en la tierra natal de quien está al frente del Poder Ejecutivo. Hasta ahora seguimos sin saber quién fue responsable del salto cualitativo en la inseguridad ni el motivo preciso de la acción.

El crimen organizado es una fuerza dominante en muchos municipios del país, pero recurrir al terrorismo es retar no sólo a un gobierno local sino al federal y a sus poderosos aliados –a empresarios, a Washington, a la iglesia. ¿Para qué el desplante? ¿Se quiso dejar en claro ante todos que los criminales pueden imponer sus agendas por sobre las del resto de los actores políticos? ¿Buscaron cobrar el rompimiento de acuerdos ya pactados o inducir a buscar uno nuevo?

Se pueden formular éstas y otras preguntas similares o diferentes –por ejemplo, ¿pudiera ser una acción llevada a cabo por algún grupo político para crear un clima de mano dura?-, pero de momento no hay respuesta. Sin embargo, la falta de información no impide abordar otros aspectos del fenómeno violento.

¿UN PAGO DIFERIDO?
El régimen autoritario que caracterizó la vida política mexicana de casi todo el siglo XX presumió de haber construido el sistema de poder más sólido de América Latina y uno de los más estables del mundo. Pero esa estabilidad no democrática tuvo un costo muy alto que hoy seguimos pagando todos. Parte central de ese costo fue la institucionalización de la corrupción y de la impunidad y hasta hoy nada efectivo se ha hecho por poner fin a esa herencia infame.

En la etapa clásica del dominio del PRI, sólo el presidente podía llamar a cuentas a los grandes corruptos. En las pocas ocasiones en que se puso a uno de ellos ante un juez, la acción poco o nada tuvo que ver con la justicia real y sí mucho con la 'justicia selectiva', tan útil al poder presidencial para mantener la disciplina entre la clase política; un buen ejemplo de ello fue el encarcelamiento del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, 'La Quina' por Carlos Salinas.

Sin embargo, frente a cada 'quinazo' hubo centenas de casos conspicuos de impunidad. Manuel Ávila Camacho, por ejemplo, dejó hacer y deshacer a Maximino, su hermano; el círculo íntimo de Miguel Alemán empleó a fondo sus posibilidades de corrupción sin límites; Carlos Hank González se convirtió en símbolo de cómo un político pobre se transformaba en lo opuesto gracias a la protección presidencial. Arturo Durazo Moreno hizo de su amistad con José López Portillo la palanca para convertir a la Policía capitalina en una estructura del crimen organizado. Las cuentas suizas de Raúl Salinas o la buena fortuna de los hijos de Martha Sahagún no se explican sin una relación directa entre poder presidencial y negocios privados. La lista de casos se podría extender hasta dar forma a un volumen similar al directorio telefónico.

Como no hay crimen organizado exitoso –y el mexicano vaya que lo es- sin algún tipo de complicidad entre criminales y autoridades, el ambiente de corrupción generado por el sistema autoritario del siglo XX resultó un excelente caldo de cultivo para que nacieran y prosperaran las organizaciones criminales hasta llegar a convertirse, de marginales y subordinadas, en rivales de la clase política. Lo anterior fue posible por la combinación de corrupción institucional con la cercanía geográfica del gran mercado norteamericano de las drogas.

Como bien lo señalara Luis Astorga en su historia del narcotráfico mexicano –El siglo de las drogas, (México: Espasa Calpe, 1996)- esa actividad empezó a echar raíces en México hace ya más de medio siglo, protegida por algunos gobernadores y militares en el norte del país pero, con las condiciones propicias descritas, esa actividad creció hasta salirse del control del poder político e imponer sus propias reglas, que es la situación actual.

¿QUÉ HACER?No hay respuesta fácil, pero cualquier intento por romper el círculo vicioso requiere abrir varios frentes de lucha contra los auténticos enemigos de México. Hay que empezar por la difícil pero indispensable tarea de crear una Policía auténtica. Perseguir seriamente no sólo a los narcotraficante de base sino a sus socios indispensables y que además de los policías corruptos es toda la red de empresas y empresarios lavadores de dinero y los miembros de la clase política que dan protección al crimen organizado: presidentes municipales, gobernadores, altos funcionarios del aparato de seguridad.

Y, finalmente, abrir oportunidades reales de trabajo a los jóvenes. Miguel de la Madrid anunció pero nunca se llevó a cabo la renovación moral de la política mexicana y desde 1982 la economía no tiene vitalidad.

En suma, que el verdadero enemigo de México es la combinación de corrupción pública con una economía formal sin brío. Si ambos problemas no se enfrentan con inteligencia y voluntad, no es imposible el retorno del Estado fallido del siglo XIX.

RESUMEN:
'Por simplicidad y falta de voluntad se dejó actuar contra los verdaderos enemigos de México y hoy el problema es mayúsculo'.--

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17 sept. 2008


Para que vivamos mejor: desde pasado mañana, sube la gasolina todos los lunes
Jaime Avilés jamastu@gmail.com

En lo que va de 2008, los precios de los combustibles han aumentado 18 veces


Desde pasado mañana, 15 de septiembre, las gasolinas y el diesel subirán todos los lunes, por lo menos hasta el fin de los tiempos. El programa Vivir Mejor, orgullo de Los Pinos, no encontró manera más patriótica de festejar el 198 aniversario del inicio de la guerra de Independencia. Pero esta vez, con su habitual modestia, el michoacano del brazo roto declinó la oferta de grabar un espot para repetirnos a toda hora la grata noticia. Es más, ni siquiera tuvo la indelicadeza de comentarla en sus múltiples conferencias de prensa, para que no se malinterpretara como un acto de autopromoción personal.


Gracias a los siempre atinados consejos de sus asesores, Felipe Calderón mandó al secretario de Hacienda por delante. Y éste, en una escueta charla con Televisa, dijo que la decisión pretende “eliminar gradualmente un costoso subsidio a los combustibles” –meta que, como todos recordamos, fue una de las más insistentes promesas de la campaña de Calderón en 2006–, hasta lograr que a finales de 2009, la Magna le cueste al consumidor “entre 8.50 y 9 pesos” por litro.


En lo que va de 2008 –37 semanas–, los precios de los combustibles han aumentado ya 18 veces, es decir, cada 15 días. Ahora se incrementarán cada siete, a razón de cuatro centavos por semana, o 20 centavos al mes, o un peso de aquí a mediados de febrero, o 1.80 días antes de las elecciones de julio. La medida no oculta los desesperados esfuerzos del primer círculo calderónico por obtener un apoyo más militante de los automovilistas en lo particular, y del pueblo todo en lo general, a las iniciativas privatizadoras de Petróleos Mexicanos, una de las cuales, de ser aprobada, quitaría a Pemex el derecho exclusivo de fabricar gasolinas.


Ya se sabe: cuando la gente empiece a poner el grito en el cielo, con la ayuda de las televisoras y los levantacejas, que estarán con cámaras y micrófonos en las estaciones de servicio para recabar todo tipo de muestras de indignación, los sesudos “analistas” del espuriato nos tranquilizarán diciéndonos que, si el Senado adopta las “reformas” propuestas, las trasnacionales edificarán en México modernas refinerías para brindarnos gasolinas no sólo de mejor calidad sino a mucho más bajo precio.


¿Que esto es demasiado audaz en vísperas de año electoral? ¿Por qué? El proyecto de presupuesto de egresos que el “ejecutivo”, así, en minúsculas, ya envió al Congreso para 2009, prevé un enorme dispendio en dos áreas estratégicas: la que reparte despensas, láminas, cemento y becas a los más pobres entre los pobres, a cambio de su voto, y la que proporcionará más armamento a las fuerzas del orden para intensificar la lucha contra la “inseguridad”, que algunos estudiosos de los secretos de la mente humana identifican con el miedo pánico que Calderón tiene a caerse, no sólo de la bicicleta sino también de la silla, la cama, etcétera.


Golpe de Estado en el IEDF
Las elecciones federales que vienen carecen de antemano de todo atisbo de legitimidad. Las razones son múltiples. El padrón de votantes, valga decir, la lista de todos los ciudadanos con derecho a participar en el proceso continúa en poder de la empresa de Diego Hildebrando Zavala Gómez del Campo, hermano de la esposa de Calderón. Allí están los domicilios, el perfil económico y las preferencias políticas de cada persona. Con base en esa información, el PAN y el gobierno de Vicente Fox se robaron la Presidencia de la República hace dos años.


Ahora van por la mayoría en la Cámara de Diputados, pero no sólo cuentan con el padrón electoral. También tienen a su disposición a los consejeros ciudadanos del IFE y, por si fuera poco, a los títeres que fungen como directivos nacionales del PRD, encabezados por Guadalupe Acosta Naranjo, que ya son los paleros oficiales del régimen de facto. Estos, con la destacada contribución de Ruth Zavaleta y algunos chuchos de tercera fila, entre ellos el diputado tabasqueño Moisés Dagdug, aprobaron el pasado 24 de abril, en San Lázaro, una reforma anticonstitucional para propiciar la destitución del presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF).


La maniobra aspiraba a poner en lugar de Isidro Cisneros, titular del organismo, a una especie de Ugalde que acatara las órdenes y avalara las transas del PRIAN y los chuchos, para romper el dominio hegemónico que el movimiento de Andrés Manuel López Obrador tiene en la ciudad de México. Ante semejante amenaza en su contra, el presidente del IEDF demandó la intervención de la Suprema Corte, y ésta declaró sin efecto el albazo legislativo de Zavaleta en abril.


A pesar de lo anterior, al término de la sesión ordinaria de ese organismo el pasado lunes, cuatro consejeros ciudadanos –Carla Humprey y Fernando Díaz Naranjo, filopanistas; Yolanda León, ligada a los chuchos, y Angel Rafael Díaz, cercano al PRI–, iniciaron una sesión extraordinaria por sus pistolas, en la que propusieron y aprobaron la destitución de Cisneros. Acto seguido, entre el público, se levantó un notario que dio fe de los hechos, y los golpistas nombraron como interino a Gustavo Anzaldo.


Dos días después, obtuvieron el aval de Juan Camilo Mouriño, que los recibió en la Secretaría de Gobernación. Mientras los levantacejas se desgañitaban hasta quedar afónicos, ladrando que la iniciativa de adoptar la figura constitucional de plebiscito revocatorio de mandato era una intentona de derrocar a Calderón, la ultraderecha, sin tapujo alguno, derrocaba al presidente del IEDF, y declaraba en televisión que lo hacía en represalia por la consulta ciudadana sobre Pemex, que Cisneros apoyó.


Al mismo tiempo, Enrique Peña Nieto hacía lo propio con el titular del Instituto Electoral del Estado de México.


¿Qué elecciones se avecinan en julio de 2009? Aunque un juez otorgó anteayer un amparo a Cisneros para que reasuma la presidencia del IEDF, queda claro que con aumentos galopantes a la gasolina para exasperar a la población, nuevos fraudes electorales en puerta y mayores partidas presupuestarias para reprimir todas las formas del descontento, el felipato y sus aliados buscan sin tregua la desestabilización del país. ¿Para qué? ¿Para que todo reviente?


Cuando oigo las sórdidas carcajadas de la ultraderecha que trata de tapar con burlas las denuncias de López Obrador sobre la escandalosa corrupción en Pemex. Cuando veo en televisión las hordas que destruyen las oficinas públicas del gobierno de Evo Morales en Santa Cruz de la Sierra, vuelvo a pensar como en 2005: Bolivia es nuestro espejo. ¿Hacia allá vamos? Pasado mañana, a las 6 de la tarde, todas y todos al Zócalo.

Ante la barbarie, respuesta improscente



Ante la barbarie, respuesta improcedente
Editorial La Jornada 17 Septiembre 2007


La noche del lunes pasado, durante la celebración del 198 aniversario del inicio de la Independencia, varios artefactos explosivos fueron activados en la repleta plaza Melchor Ocampo, de Morelia, Michoacán. El saldo del atentado es, según cifras de la procuraduría estatal, de siete muertos y más de un centenar de heridos.


El ataque, abominable desde cualquier perspectiva, constituye un nuevo escalón en la barbarie que sacude al territorio nacional, en la medida en que ha tomado como objetivo a personas inocentes y ajenas a los conflictos entre organizaciones criminales y a las pugnas entre éstas y las corporaciones de seguridad pública.


Si se considera que este atentando artero contra civiles fue perpetrado en la ciudad natal del titular del Ejecutivo federal, en el momento culminante de la más significativa ceremonia republicana y horas antes de la mayor exhibición de fuerza militar por parte del poder público –es decir, con la garantía de una cobertura informativa masificada e instantánea–, es inevitable percibir en esta atrocidad tanto la intención de provocar un impacto mediático de gran escala en todo el país como la carga simbólica de un inequívoco mensaje de desafío a las más altas instancias del Estado.


La sociedad se encuentra ante un hecho delictivo de extremada violencia que escapa, al parecer, a la lógica tradicional de disputas territoriales, venganzas y ajustes de cuentas en el seno de la delincuencia organizada, y asiste al surgimiento de ataques homicidas perpetrados sin otro propósito que causar pánico y zozobra en la población y en las autoridades.


En el desfile militar de ayer, en un discurso fuera de programa, Felipe Calderón Hinojosa formuló severas descalificaciones contra los autores del atentado, lo vinculó de alguna forma con la fractura política que vive el país, exhortó a la oposición a renunciar a sus posturas e hizo un enésimo llamado a la unidad nacional que, según él, ameritan sus estrategias contra la criminalidad.


La alocución referida falló en el tono, expresó ideas erróneas y, lejos de aportar elementos para la comprensión de lo ocurrido, introdujo factores adicionales de confusión ante la opinión pública: en una circunstancia como la presente cabe esperar de una jefatura de Estado firmeza, sí, pero también serenidad y mesura en la formulación de los problemas.


En cambio, los ácidos denuestos vertidos por Calderón contra los agresores criminales dejaron ver inseguridad y descontrol. Adicionalmente, por más que haya resultado tentador el empleo de la expresión “traidores a la patria” en un discurso de 16 de septiembre, llamar así a quienes, en rigor, no lo son –y no hay aquí afán alguno de exculpar a los responsables del atentado, sino reclamo de precisión conceptual–, confunde y distorsiona la percepción pública del fenómeno delictivo.


Lo más preocupante del mensaje comentado es la referencia a la polarización política que afecta a la ciudadanía, como si esa división fuese un factor causal o un agravante de la escalada de violencia delictiva y como si, para erradicarla, bastara con que la oposición depusiera sus diferencias con la administración actual.


La fractura referida, hay que recordarlo, no empezó antenoche en el Zócalo capitalino, sino en las postrimerías del foxismo, cuando el régimen intentó impedir por todos los medios –legales e ilegales– la llegada al poder de un proyecto alternativo de sociedad y de país, y se profundizó en el desaseado proceso electoral de julio de 2006, que culminó con la conformación de una presidencia impugnada por un tercio del electorado y deficitaria en legitimidad.


El colapso de la seguridad pública y la ofensiva de la criminalidad, en cambio, son resultado de la desintegración social causada por el ciclo de gobiernos neoliberales todavía vigente y por la falta de visión y pericia de la actual administración.

El movimiento opositor al que Calderón Hinojosa exhortó ayer a la claudicación es, sin embargo, diametralmente opuesto a la salvaje violencia delictiva que se hizo notar en Morelia: mientras que ésta sembraba la muerte, el dolor y el pánico en la plaza central de esa ciudad, los seguidores de Andrés Manuel López Obrador hacían gala de civismo y espíritu pacífico en el principal espacio público de la ciudad de México, cercado por las fuerzas federales de seguridad, y que, sin embargo, fue ocupado, utilizado y desalojado en completo orden y disciplina por los integrantes de la resistencia civil.

No hay razón ni justificación, por lo tanto, para mezclar, en una misma alocución, asuntos tan distintos e inconexos como las contiendas políticas en curso y el sangriento acoso de la criminalidad organizada.

De Lopez Obrador y Hugo Chavez

Tomado de La Jornada. "El Correo Iustrado". Lunes 8 de septiembre de 2008, escrito por Carlos Noriega Félix:

De López Obrador y Hugo Chávez

A dos años de las elecciones mas competidas, sucias y cuestionadas de la historia de México y que han polarizado al país en dos Méxicos a punto de ruptura, vale la pena una reflexión, si es que aún se puede hacer reflexiones, que no busca polarizar más sino iluminar un poco a aquellos que con inocencia cayeron en la guerra sucia del desprestigio al licenciado Andrés Manuel López Obrador comparándolo con Hugo Chávez (presidente de Venezuela), presentado como dictador peligroso y al nuestro como “peligro para México”.

Venezuela, bajo la presidencia de Chávez, ocupa el primer lugar en desarrollo económico en toda América Latina (Cepal), arriba de 8 por ciento del PIB, tiene el precio de la gasolina mas bajo del mundo, y ha reducido el analfabetismo a casi cero, entre otras cosas; mientras que México tiene el lugar más bajo, apenas arriba de 2 por ciento del PIB; la gasolina más cara, la mayor migración de desempleados y el índice de delincuencia más alto.


¿Ése era el peligro?
Carlos Noriega Félix

La noticia llegó de Morelia antes de que el Presidente bajara al patio central con sus invitados
La guerra que va ganando el gobierno ensombreció los festejos de Calderón
■ Los muertos del bicentenario caen por todo el país, como ahora en la tierra del mandatario
Arturo Cano

“¡Que viva mi tierra, Michoacán/ y dénme charanda pa’ brindar!”, cantaron Los Morales apenas se anunció la presencia del presidente Felipe Calderón; tardía presencia causante de murmullos en el patio del Palacio Nacional.

Una hora y 40 minutos después del Grito, ortodoxo grito con vivas a México y a los héroes de rigor, Felipe Calderón, acompañado por su esposa, ocupó una mesa al ritmo de Juan Colorado y quiso sentarse, pero muy pronto comenzó el besamanos.

Calderón permaneció ahí sólo media hora. A los 20 minutos, a cuatro pasos del Presidente, algunos empleados repartieron el comunicado número 184, una vez que los funcionarios de la Presidencia se habían negado a decir nada sobre las explosiones en Morelia, la tierra del mandatario. Se condena, se apoya, se castigará, decían los cuatro párrafos de obviedades.

Los Morales habían terminado las notas de El michoacano, pieza también dedicada al anfitrión, al Presidente que hace menos de un mes firmó el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Legalidad y la Justicia. La nube de reporteros seguía tratando de sacar una declaración. Los invitados continuaban libando sus margaritas de tamarindo y jamaica, sus güisquis y sus tequilas, en el “pueblito mexicano” montado para la ocasión.

“Son tres muertos”, dijo alguien. “Me aseguran que fueron 20”, soltó otra voz. Y el Presidente, ahí, a cinco metros, saludaba y agradecía. Poco antes, y de ahí la tardanza, se había reunido con los secretarios de la Defensa y de Marina, con el director del Cisen y el titular de Seguridad Pública. La guerra que el gobierno va ganando imponía la urgencia, oscurecía la fiesta.
Calderón no era el centro de las miradas; imposible verlo para quienes permanecían en sus lugares, que sólo podían ver el montón de gente a su alrededor.

“El día en que cruzaste por mi camino/ tuve el presentimiento de algo fatal…”, trovaron yucatecos Los Morales.

El cobijo al Presidente
Con un vestido negro recién puesto, la dirigente del PAN en el DF, Mariana Gómez del Campo, se paseó entre los invitados. Una hora antes vestía informal, con una pañoleta verde, en el mismo lugar de hace un año, detrás de la primera valla y al centro, frente al balcón presidencial.

Terminó el Grito, simple, ortodoxo. Abajo, del contingente de directores de área salió una voz: “¡Viva Felipe Calderón!” “¡Viva!”, respondieron los funcionarios medios y las filas detrás de la primera valla.
“¡Fe-li-pe, Fe-li-pe, Fe-li-pe!”, dirigió la porra la pariente del Presidente. “¡Fe-li-pe!”, siguieron los invitados, mientras ondeaban las banderitas tricolores que les regalaron a la entrada. Eran tan pocos que no llenaron el tramo de asfalto donde se ubicaron las bocinas y los templetes para la prensa.

Un tercio de la plancha del Zócalo estaba delimitado para el pueblo traído expresamente para la ocasión. Pero no habría sorpresas. No aquí, sino en la Morelia de Calderón.

Los fuegos artificiales pusieron su nube de humo entre el balcón presidencial y la frase formada con foquitos, puesta ahí por el Gobierno del Distrito Federal. Una frase usada hasta el cansancio por los lopezobradoristas en el debate petrolero: “La soberanía de la nación reside en el pueblo. Francisco Primo de Verdad”.

Antaño, los cronistas se ocupaban de registrar con precisión qué gritaba el presidente de la República en turno. Se suponía que el héroe escogido o añadido a la lista daba pistas sobre las prioridades del todopoderoso señor de Los Pinos. Se recuerda, por ejemplo, que Luis Echeverría agregó un “vivan los pueblos del tercer mundo”.

Pero en estos tiempos, los medios están más ocupados en saber cómo hará Felipe Calderón para hacer sonar la campana y ondear la bandera al mismo tiempo.

Todo porque, quizá ocupado hasta la especialización en poner vallas, vaya donde vaya Calderón, el Estado Mayor Presidencial (EMP) parece haber relajado otros aspectos de su principal encomienda. José López Portillo, por ejemplo, se peleaba con su jefe del EMP porque no lo dejaba montar a caballo. A Calderón sí lo dejaron montar una bicicleta, con los resultados conocidos.

El rito se cumple, con todo. Pero casi al mismo tiempo explotan dos artefactos en Morelia, subrayando el mensaje que ya había sido enviado, el mensaje que llegó con el Mes de la Patria.

Ya enfiestado el país, ya tronando los cohetes por doquier y desplegadas miles y miles de banderitas por todas partes, México vivió su peor día de violencia, con 41 ejecutados en sólo una jornada, apenas el 12 de septiembre.

La ceremonia en honor de los Niños Héroes, un día después, estuvo marcada por el hallazgo de 24 cadáveres en La Marquesa. Pero los muertos del bicentenario no caen “como renuevos cuyos aliños un cierzo helado destruye en flor”, sino decapitados, echados uno encima de otro, como pollos sobre el hielo picado. O en un festejo público, al azar, en la tierra del Presidente, por si algo faltara.

Desde que la República en pleno firmó el acuerdo por la seguridad, han sido ejecutadas en el país más de 400 personas, incluidas 30 decapitaciones y los asesinatos de 10 mujeres y cinco menores de edad.

El México de nota roja, no otro, sino el México real, llegó de sopetón a través de los teléfonos celulares, que comenzaron a sonar antes de que el Presidente bajara al patio, donde lo esperaban centenares de invitados. Unas pantallas gigantes, con azules simulando el cielo, arcos muy mexicanos, puestos donde se repartieron globos de azúcar, buñuelos y churros, papas, flores y nieves. El escenario de las malas noticias.

Arriba, el Ejecutivo departía con su gabinete, diplomáticos y militares. Abajo, los invitados especiales de segunda esperaron, primero en un patio lateral, largos e inexplicables minutos. Tres enormes telones, con los colores de la Bandera, separaban a los invitados de segunda del patio central.

La noticia del atentado en Morelia corrió de boca en boca, pero no todos se enteraron. Muchos siguieron en el brindis, las canciones, la foto del recuerdo. “Hay que estar con el Presidente, ahora más que nunca”, dijo alguien, oído al pasar. Que esto ya no es contra su gobierno, sino contra México, completó. Y esto no es otra cosa sino la guerra que se iba ganando apenas ayer.

A la mañana siguiente, el Ejecutivo habría de demandar unidad, el Ejército ocuparía las calles de su ciudad natal y el país condenaría en pleno el atentado.
Pero la noche del 15, la noche del Grito, el rostro del Presidente denotaba hastío. Se le vio así en la firma del Acuerdo por la Seguridad, con ganas de terminar pronto. Se le volvió a ver igual después de su reunión sobre el atentado de Morelia. En su segundo grito, el de los bombazos en su tierra.

Granados Chapa: el periodista

Granados Chapa: el periodista
Alvaro Delgado


MÉXICO, DF, 15 de septiembre (apro).- En un contexto de violencia que exhibe la ineptitud gubernamental y la brutalidad de la crisis económica que ya se muestra, pero también la involución en derechos fundamentales como a la libre expresión y a la información, es una extraordinaria noticia que el Senado otorgue la medalla Belisario Domínguez a Miguel Ángel Granados Chapa, un ciudadano que reúne todos los atributos de un periodista pleno.

A Granados Chapa le han sido otorgados diversidad de premios por su fecunda labor periodística, pero la Belisario Domínguez tiene una relevancia especial por ser un galardón que honra "a los hombres y mujeres mexicanos que se hayan distinguido por su ciencia o sus virtudes en grado eminente, como servidores de nuestra patria y de la humanidad".

Y Granados Chapa reúne, sin duda, virtudes eminentísimas no sólo en cuanto a las que son propias de la profesión periodística y que tienen que ver con la ética de la técnica --independencia a toda prueba, rigor en el manejo de la información, dominio pleno del idioma--, sino en su conducta como ciudadano, con su gran capacidad de trabajo para dar cauce a su indignación ante las injusticias.

Así lo estableció el documento de Proceso mediante el cual se propuso al Senado entregarle la medalla que lleva el nombre del senador chiapaneco que se opuso al golpe de Estado del chacal Victoriano Huerta al gobierno de Francisco I. Madero:

"Desde hace más de cuatro décadas, la palabra escrita de Miguel Ángel Granados Chapa contribuye a poner a México frente a su realidad, por dura y dramática que ésta sea. Estricto e informado como pocos, atento sobre todo a la trascendencia de la vida cotidiana, paradoja no exenta de lirismo, ejerce puntualmente su trabajo en el cerco cada vez más estrecho de los enemigos de la libertad de expresión.

"Crítico e independiente, comprometido con un país que desearía describir en lucha abierta contra la injusticia y la iniquidad, el periodista eminente concita el respeto y aun la admiración de aquellos a quienes enfrenta con su lenguaje de una pieza, fiel reflejo de su personalidad."

Autor de las columnas Plaza Pública e Interés Público, Granados Chapa ha complementado su trabajo casi sin reposo con el estímulo y participación en innumerables iniciativas desde la sociedad para su democratización, como la Unión de Periodistas Democráticos (UPD) y la vigente Asociación Mexicana del Derecho a la Información (Amedi).

Junto con la edición de libros sobre la actualidad política de México, fue precursor, también, de la participación de ciudadanos en la organización de elecciones, con su nombramiento como consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), en 1994, fecha en la que se inició un proceso para darle credibilidad a esos procesos y que se truncó en el 2003 y del cual ha dado puntual seguimiento informativo.

Granados Chapa se dio tiempo, además, de incursionar en la participación política para buscar servir a Hidalgo, su estado natal.

De hecho, una decisión de Felipe Calderón en 1998, en su calidad de presidente del Partido Acción Nacional (PAN), rindió sin proponérselo un homenaje al periodista: lo vetó para ser candidato ciudadano de una coalición de partidos a gobernador de Hidalgo y apostó por un oportunista, el cantante de baladas Francisco Xavier Berganza, que lo hizo quedar en ridículo.

En la que, en efecto, ha sido su única incursión en la política, de cuyo cuestionado proceso electoral resultó gobernador el priista Manuel Ángel Núñez Soto, Granados Chapa advirtió con oportunidad al panismo encabezado por Calderón que el baladista era en realidad un testaferro de los gobiernos estatal y federal, como quedaría evidenciado después.

Pero ni esto ni los argumentos de panistas como Javier Corral lograron hacer desistir a Calderón de postular a Berganza como candidato del PAN al gobierno de Hidalgo, en alianza con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), una sociedad política que siguió con Vicente Fox y se liquidó de mala manera en el 2001.

Aunque Granados Chapa, quien contendió por la alianza de los partidos de la Revolución Democrática (OPRD) y del Trabajo (PT), obtuvo menos votos que el cantante, pronto se conoció que éste era un instrumento del exgobernador Jesús Murillo Karam y de Francisco Labastida, a cuya candidatura presidencial se adhirió en el 2000.

Ahora Berganza, como miembro del Senado por Convergencia, deberá rendir tributo a Granados Chapa, un periodista extraordinario. ¡Felicidades, maestro!

Apuntes
José Antonio Crespo recordó hoy, oportunamente, un dato más del "fariseísmo" del PAN, que se escandaliza porque miles de integrantes del movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador ejercerán su derecho a dar un grito de Independencia alterno al de quien juzgan un impostor en la Presidencia de la República: el PAN convocó, en septiembre de 1988, a sus simpatizantes a una conmemoración distinta a la oficial, en el Ángel de la Independencia, en protesta por el fraude electoral de hace dos décadas.


Fue un acto transitorio porque, como todo el mundo sabe, el PAN, se arrojó a los brazos del priiato y estableció una simbiosis plenamente vigente. De manera que, además del fariseísmo del que habla Crespo, el partido de la derecha --que por cierto este miércoles 17 cumple 69 años de vida-- es cómplice de una forma de gobierno muy parecida a la que practica, literalmente, la mafia: la alta delincuencia que se refugia en la Secretaría de Seguridad Pública federal que encabeza Genaro García Luna, que hasta ha corrompido a México Unido contra la Delincuencia...

Comentarios: delgado@proceso.com.mx

Y se demando al pelele


Y SE DEMANDO AL PELELE:
11 Septiembre 2008

UN hecho sin precedentes se llevó a cabo el día de hoy, cuando el Dr. Jaime Cárdenas Gracia y el Dr. Jesús González Schmall, presentaron ante la PGR y ante el Senado de la República, una denuncia contra el usurpador Felipe Calderón, quien ejerce su cargo por nombramiento del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que de manera fraudulenta le otorgó el cargo de Presidentede la República.


Calderón incurrió en TRAICIÓN A LA PATRIA, al enviar seis iniciativas de ley en materia energética, con el fin de privatizar el petróleo, y con lo cual intenta demeritar tanto la soberanía como la independencia de nuestro país.


Se le acusó de solicitar la complicidad del Congreso, al enviar esa inciativa en los meses pasados de abril y mayo. Los legisladores del FAP solicitarán que se inicie el procedimiento correspondientes en San Lázaro contra el usurpador.


La demanda fue acompañada de firmas de ciudadanos que con acciones de resistencia civil pacífica apoyaremos la solicitud que los valientes juristas presentaron hoy.