fe de erratas

10 sept 2014

PAN y al PRD partidos escenográficos.... sinónimo de servilismo con el poder y convivio pleno con la corrupción.

PRD y PAN, los partidos del presidente  

Madero, Peña y Zambrano. El Pacto por México. Foto: Germán Canseco
Madero, Peña y Zambrano. El Pacto por México.
Foto: Germán Canseco
MÉXICO, D.F. (apro).- Lo sucedido en los comicios internos del PRD confirma la misma tendencia que se registró en la contienda por la dirigencia nacional del PAN: En ambos casos triunfó la corriente que impulsó el Pacto por México para sacar adelante las “reformas estructurales” del gobierno de Enrique Peña Nieto.
En los dos casos, la verdadera casa que jugó y ganó fue la Presidencia de la República. De esta manera, el peñismo se transforma gradualmente en un modelo de presidencialismo multipartidista.
La restauración del presidencialismo ya no sólo subordina la vida política del PRI a los dictados del Ejecutivo Federal. La simbiosis gobierno-partido se convierte en simbiosis gobierno-partidos.
Peña controla, de facto, a sus dos principales opositores (PAN y PRD), más dos “partidos-bisagra” (Panal y Partido Verde) y realiza una operación muy insistente para fracturar al PT, al MC y fragmentar el electorado de Morena, quizá el único polo opositor real, pero que juega en la cancha dominada por el gobierno.

Los nuevos partidos del presidente se caracterizan por cinco elementos:
1.-Triunfan los aparatos burocráticos, no los militantes. En el PRD, el índice de abstencionismo fue de casi 60%. En algunas entidades y secciones llegó a 70%. De esta manera, el incentivo es tener el voto controlado, vía la compra de credenciales de elector o las despensas y los mecanismos tipo Monex o Soriana.
Nueva Izquierda, en el PRD, y el maderismo, en el PAN, no se confrontaron a una contienda en igualdad de condiciones sino a un despliegue de recursos para garantizarle al gobierno federal el maquillaje de un consenso partidista a sus reformas.
2.-Los gobernadores se comportan como “presidentes a escala”. La operación para beneficiar a los aparatos dirigentes se realiza con el apoyo explícito de los gobernadores. El caso de Puebla es ejemplar. Rafael Moreno Valle, el más priista y peñista de los gobernadores actuales por sus métodos de control y cooptación, se convirtió en el árbitro tanto en la contienda del PAN como en la del PRD.
Moreno Valle –quien llegó como resultado de una coalición opositora- terminó apoyando a Madero y también hizo su apuesta por Ernesto Cordero, en el PAN. Su compulsión plural lo llevó también a apoyar a Nueva Izquierda a través de su secretario de Gobierno, Luis Maldonado, pero también a la nueva corriente que encabeza el actual presidente del Senado, Miguel Barbosa, un exchucho que siempre ha tenido una lealtad clara con el mandatario poblano.
En el DF ocurrió algo similar: Miguel Ángel Mancera y su secretario de Gobierno, Héctor Serrano, operaron a favor de Nueva Izquierda, pero en los territorios donde la corriente IDN de René Bejarano es hegemónica difícilmente pudo arrebatarle votos.
3.-El INE legitimador. La elección del PRD tuvo un ingrediente adicional. A petición del partido, la nueva autoridad electoral –el Instituto Nacional Electoral- se convirtió en un aval para legitimar la contienda, aunque la calidad de la participación y de la organización dejara mucho que desear. No importó la baja calidad de la participación y el manual de trampas difíciles de documentar porque se trataba de garantizar un arbitraje cómodo. Los propios consejeros del INE tienen compromisos con la corriente dominante en el PRD.
De esta manera, el INE se convierte en el legitimador de una nueva fórmula de simulación democrática al interior de los partidos.
4.-Gana el dinero. Si algo ha caracterizado al estilo peñista de hacer política es su compulsión por el dinero y su inversión millonaria en medios de comunicación, agencias de publicidad y “operadores” electorales que maquillan el consenso.
Se trata de transformar al PAN y al PRD en partidos escenográficos: Acompañantes cómodos en la aventura peñista de convertir a la función pública en un reparto de negocios.
Resalta que en los mismos medios electrónicos donde un día sí y el otro también se lanzan loas interminables al gobierno federal ahora se respalda a Madero y a Los Chuchos. Los perdedores o los críticos son invisibilizados, silenciados, expulsados de facto con una ley mordaza o mencionados sólo para garantizar que “son minoría”.
5.-El Método Atlacomulco. En esencia, se está reproduciendo un estilo que los gobernadores del Estado de México han aplicado desde hace años para mantener el control y los negocios de la dinastía Atlacomulco: maicear a la oposición, dividirla y entablar negociaciones con los más débiles.
Los partidos de oposición se convierten en comparsas y no en contrapesos. Los partidos se subordinan a las órdenes del señor presidente. Y se les permite criticar, cuestionar y ventilar sus diferencias, siempre y cuando no cuestionen el eje dominante: La corrupción que corroe los cimientos de los partidos.
Twitter: @JenaroVillamil
www.homozapping.com.mx          
http://www.proceso.com.mx/?p=381746
 
   

El PRD, la izquierda paraestatal                

Peña y Zambrano durante la firma del Adéndum del Pacto por México. Foto: Germán Canseco
Peña y Zambrano durante la firma del Adéndum del Pacto por México.
Foto: Germán Canseco
MÉXICO, D.F. (apro).- Enrique Peña Nieto, como Felipe Calderón en el sexenio pasado, está feliz: Se consolidó en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), la “izquierda moderna”, sinónimo de servilismo con el poder y convivio pleno con la corrupción.
Es, literalmente, el resurgimiento del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), aquel que nació en los setenta bajo el auspicio de Luis Echeverría y que formó a Jesús Ortega, Carlos Navarrete, Graco Ramírez y Miguel Alonso Raya, exactamente los mismos que –junto con Jesús Zambrano– jefaturan la corriente “Nueva Izquierda” y que son hegemónicos en el PRD.

Con la misma concepción y prácticas políticas que “los chuchos”, Foro Nuevo Sol, que lidera Amalia García, quien resultó un fiasco como gobernadora de Zacatecas, y Alternativa Democrática Nacional (ADN), que encabeza Héctor Bautista, diputado local del Estado de México y amigo de Peña, colaboraron para reunir, las tres corrientes, más de 65% de los votos emitidos el domingo 7.
De manera que, si en el PRD se dispone que la fórmula que supere el 60 por ciento de los votos de los consejeros nacionales asumirá directamente la dirigencia del partido, es un hecho que Navarrete será el próximo presidente de este partido y Bautista el secretario general.
No es descabellado afirmar que estas tres corrientes, que en los hechos son una sola, detentarán el poder más allá del 2017, alternándose en los principales cargos, aun cuando el PRD se convierta en una fuerza marginal, como lo es ya prácticamente en todos los estados del país.

Y es que, en la concepción de esta fuerza tripartita en el PRD, la conquista del poder es lo de menos: Lo que importan son las prerrogativas y los cargos plurinominales de diputados, senadores, regidores, síndicos y toda morralla. Salvo excepciones, se trata de políticos que no han ganado jamás nada por mayoría.
 La ecuación es precisa y preciosa: El financiamiento público vía prerrogativas y los cargos legislativos dan influencia en los ámbitos de poder para, con recursos, mantener el control de la burocracia partidista y consolidar una base clientelar que, como este domingo, vaya a votar por quienes dispongan los líderes.

De manera que la utilidad del PRD será, como el PST con Echeverría y López Portillo, ser oposición sólo para obtener réditos para sus cúpulas, pero alcahuete de los poderosos: Ya lo vimos en el sexenio de Calderón y en lo que va del de Peña.
Hay que recordarlo: Pese a que los órganos de dirección del PRD dictaminaron que Calderón era espurio, Carlos Navarrete, entonces coordinador del grupo parlamentario del PRD en el Senado, se entrevistó, en secreto, con Francisco Ramírez Acuña, secretario de Gobernación.
La reunión entre Navarrete y Ramírez Acuña se celebró el 19 de febrero de 2007, dos meses y medio después de la toma de posesión de Calderón, en el Champs Elysées, un restaurante de postín, y jamás informó nada al respecto.
Jesús Ortega, otro prominente miembro de Nueva Izquierda, jamás informó nada de la reunión que tendría con Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación de Calderón, el martes 4 de noviembre –justo el día en que murió éste en un avionazo–, cuando ni siquiera tenía representación partidaria.
Eso sí: Una semana después, y pese a todas las evidencias del fraude en la elección interna, Ortega Martínez fue declarado presidente del PRD por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Y con Peña, aun antes de que fuera declarado presidente electo, ahí estaban ya “los chuchos”, con el borrador del Pacto por México, ese que ya les dio réditos: El control completo del PRD, la nueva izquierda paraestatal…
Apuntes
Al conmemorarse los 25 años del PRD, en mayo, Cuauhtémoc Cárdenas alertó que, en el ambiente preelectoral, “soplan vientos de fractura”. Salvo que haya cambiado de opinión sobre lo que existe –“al país de nada le sirve una izquierda dócil y dizque a la moda”–, ya nada tiene que hacer en ese partido. Así lo dijo: “Solamente al régimen entreguista y neoliberal le sirve ese discurso que dice que hay que ser una izquierda moderna o alejada de radicalismos. Los principios no son una moda. Si la defensa de la soberanía nacional y la defensa de nuestros recursos naturales le resultan anticuados a los neoliberales, es mejor pasar por anticuados que ceder ante los vendepatrias”…
Comentarios en Twitter: @alvaro_delgado
http://www.proceso.com.mx/?p=381645 

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