fe de erratas

23 oct. 2014

A Peña Nieto se le cayó el show del ‘Saving México’

A Peña Nieto se le cayó el show del ‘Saving México’                                                           
'The Economist' publica una gráfica titulada "Una Forma de Vida", la cual muestra que los delitos no investigados o no reportados en México han aumentado de 92 a 93.8 % entre 2010 y 2013.
the economist
En su nueva edición que empezó a circular el viernes, la influyente revista inglesa The Economist dice que las atrocidades registradas en Iguala muestran lo lejos que está México de ser un país de leyes, y ponen de relieve que se necesitan leyes y orden tanto como reformas económicas para modernizar al país.
Titulado “Cuando el crimen se sale de control”, el artículo dice que a 200 años de haberse redactado la primera Constitución en Apatzingán, el área que rodea esa ciudad muestra la distancia que tiene que recorrer México para ser un país de leyes. Tierra Caliente se ha vuelto la escena de secuestros masivos y masacres, ambos presuntamente cometidos por fuerzas de seguridad del Estado contra civiles no armados.
“México se ha convulsionado por el secuestro de 43 normalistas en Iguala, presuntamente por la policía municipal. Se teme que estén muertos, aunque el gobierno dice que 28 cadáveres semi calcinados encontrados dos semanas después en Iguala no son de ellos.
“El área es campo de asesinatos, con fosas masivas esparcidas y tensiones altas”.
“La absoluta anarquía del área, a unas cuantas horas de distancia de la capital por carretera, encuentra eco en una presunta masacre en junio en Tlatlaya, no lejos de Iguala, en la que soldados mataron a 22 personas sospechosos de ser delincuentes”.
“Las dos atrocidades –dice The Economist– parecen lo suficientemente serias para cambiar el rumbo del gobierno de dos años del Presidente Enrique Peña Nieto, quien ha priorizado las reformas económicas y subestimado la ley y el orden como manera de modernizar México, sin reconocer que ambas son igual de importantes”.
“Al margen de los secuestros, lo que es especialmente aterrador son las afirmaciones de que el crimen organizado gobierna Iguala, al instalar a dos de los suyos –el alcaldes y su esposa– quienes usan a la policía municipal para saldar cuentas violentamente con escaso temor de ser aprendidos.
“La falta de confianza de los mexicanos en las autoridades a cargo de la procuración de justicia significa que el número de crímenes no investigados, así como el total de delitos, es apabullante”.
Para demostrarlo, The Economist publica una gráfica titulada Una Forma de Vida que muestra que los delitos no investigados o no reportados en México han aumentado de 92 a 93.8 % entre 2010 y 2013.
“Tres cargadas palabras resumen el reto que ahora enfrenta Peña y México en su conjunto: impunidad, rendición de cuentas y gobernabilidad“.
USA Today, The New York Times  y The Washington Post cuestionan aseveración de Enrique Peña Nieto de que la violencia está cediendo; crisis peor de lo que quieren admitir, puede haber fosas clandestinas en todo el país.
Mientras, en Estados Unidos, USA Today, el diario de mayor circulación, se une al coro de medios impresos y electrónicos que coinciden en decir que la desaparición de los 43 normalistas es un “recordatorio alarmante” de que la violencia delictiva persiste en México pese a la insistencia  de EPN de que la situación de seguridad está mejorando.
Por su parte, The New York Times publicó un artículo en primera plana en su edición dominical de mayor circulación en el que dice que Peña Nieto ha dicho que la búsqueda de los normalistas es la prioridad número 1 de su administración.
“Pero si de algo ha servido la búsqueda es para confirmar que la crisis del crimen organizado en México, donde se sabe fueron matadas decenas de miles en la guerra a las drogas de años recientes, podría ser peor de lo que han admitido las autoridades”.
Titulado “México halla muchos cadáveres, pero no a los estudiantes perdidos”, dice que el gobierno federal ha celebrado estadísticas recientes sugiriendo un declive en los homicidios. “Pero la proliferación de fosas en Guerrero –incluidos 28 cuerpos humanos calcinados que resultaron no ser los normalistas– arroja nuevas dudas sobre el conteo del gobierno, potencialmente apuntando hacia un número más grande de muertos que no han sido contados”.
Por su parte, The Washington Post dice que a nadie debió sorprender que ninguno de los 28 cadáveres encontrados en las fosas fuera de los 43 normalistas, toda vez que las sierra arriba de Iguala es un conocido basurero humano.
“Mientras que la noticia de que no eran los normalistas alentó a sus familiares, para el resto de México fue una parada más en la rueda de la fortuna del horror, reforzando la creencia de que hay fosas clandestinas en todo el país donde se han esfumado un número incalculable de mexicanos”.
Las fosas no son las primeras y tampoco las más grandes que se descubren en años recientes. “No obstante, han destrozado la campaña de relaciones públicas de EPN para desviar la atención internacional de los fracasos en materia de seguridad”, concluye el diario. El diario hace suya la frase del México Moment al México Murder. Del momento mexicano al homicidio mexicano.

https://www.youtube.com/watch?v=PeUSKHv_G7A
http://aristeguinoticias.com/2010/mexico/a-pena-nieto-se-le-cayo-el-show-del-saving-mexico/

22 oct. 2014

Indignación total por Ayotzinapa

 Indignación total por Ayotzinapa             


https://www.youtube.com/watch?v=dxnKfiOoHFE#t=13
Redacción AN hace 3 horas
Una oleada de indignación inundó hoy Paseo de la Reforma, en el DF. Al frente, padres de 43 normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero; "¡no están solos!", les dijeron. También marcharon miles de estudiantes y el padre Alejandro Solalinde. Surgió una demanda: "Que se vayan todos", dirigida a las autoridades federales, que a casi un mes de lo ocurrido, no encuentran a los muchachos. 

Ayotzinapa: "Todos están muertos" - Padre Alejandro Solalinde hablando claro con Rubén Luengas 

 

https://www.youtube.com/watch?v=Rk2kxqBTzw0 

#AcciónGlobalAyotzinapa: Fue el estado

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
#‎UnaLuzPorAyotzinapa‬ ‪#‎Foto‬ Así culminó la marcha en la Ciudad de México en apoyo a los 43 normalistas desaparecidos en Guerrero, tras llegar al Zócalo.    (Foto: @padaguan)
Que el mundo lo sepa, los chacales del crimen contra los estudiantes tienen nombre. 
 


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¡Ayotzinapa el D.F. está contigo!! 





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Así fue como miles d se unieron a la por los en la

  


Embedded image permalinkDesde Francia envían solidaridad con los desaparecidos en Iguala





El mundo exige que normalistas mexicanos aparezcan con vida v


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ARISTEGUI - "La matanza de #Ayotzinapa, Guerrero" 

   

https://www.youtube.com/watch?v=NjdmAIlJWYA

21 oct. 2014

Mexico nunca sera el mismo, despues de Ayotzinapa.

¿Qué pasó realmente con los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa?- Aristegui    

 

https://www.youtube.com/watch?v=GK-LXtdZGcA

"La matanza de estudiantes en Ayotzinapa", por Sergio Aguayo

   https://www.youtube.com/watch?v=bcdj9BSeyMw

  En Guerrero no hay ningún control; policía asesina, la brutalidad como gobierno: Mesa MVS

  

 https://www.youtube.com/watch?v=Yhzs63HVMFM

Dos tipos de policías en Iguala atacaron a normalistas: testigo                                      

 https://www.youtube.com/watch?v=EpjILvr_0LA

Al alcalde de Iguala lo propuso la corriente de los ‘Chuchos’: Lázaro Mazón                          

   

https://www.youtube.com/watch?v=V_Su3s-9DTk

 

19 oct. 2014

El país perdido

   El país perdido                                 

Los rostros de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. Foto: Octavio Gómez
Los rostros de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos.
Foto: Octavio Gómez
No sé, mientras escribo, si los cuerpos hallados en las fosas clandestinas descubiertas en Iguala son de normalistas de Ayotzinapa o si formarán parte de la espantosa estadística de estos gobiernos tan criminales como los anteriores. No sé, incluso –es lo que el corazón desea–, si, por un casi imposible milagro, se encuentre vivos a los desaparecidos. Lo que sé es que el acontecimiento, junto con los muertos de las fosas descubiertas, no sólo ha vuelto a escribir con letras mayúsculas lo que la clase política se ha negado a asumir: la emergencia nacional y la tragedia humanitaria, que se vuelven más profundas y graves. Lo que también sé es que con la destrucción de nuestros jóvenes se está asesinando el futuro del país.

No hay porvenir sin generaciones de relevo. Ellas son las que, retomando la herencia de los padres, la preservan, la continúan y la engrandecen. En México, sin embargo, las estamos asesinando. La mayoría de los 30 mil desa­parecidos –a los que ahora se suman los normalistas de Ayotzinapa y otros muchos que no se han contabilizado– y de los 100 mil muertos –que cada día aumentan– son jóvenes. Lo son también la mayoría de los sicarios a los cuales corrompe el crimen organizado. Los otros, que todavía no hacen parte de uno y otro bando, carecen también de futuro. No hay lugar para todos ellos en las escuelas, y si llegan a estudiar sólo habrá empleo para unos cuantos que puedan continuar reproduciendo el sistema que los victima.
¿Qué va ser de una nación en donde sus jóvenes, lejos de retomar los referentes éticos de la cultura, van siendo sometidos, cada vez más, al imperativo de un darwinismo económico administrado por el crimen y el Estado? ¿Qué referentes políticos pueden encontrar cuando los partidos y los gobiernos, que deberían ser maestros de la vida política, enseñan que la función del Estado no es el servicio al bien común, sino la conquista del poder a cualquier precio, la corrupción, la malversación de la ley y la utilización patrimonialista de los bienes nacionales y de sus ciudadanos para la maximización del dinero? ¿Qué futuro pueden esperar cuando el Estado que está para protegerlos los abandona a su suerte o los criminaliza, reprime, silencia o encarcela, y sólo reacciona en los momentos en que sus muertes o sus desa­pariciones, como en Iguala, rebasan el silencio al que quieren someterlos y se vuelven un escándalo?

Pero aun allí la reacción de la clase política continúa siendo tan estúpida, improvisada y cosmética que lo único que reitera es el desprecio que tiene por la juventud y la vida del país. Allí donde la Cámara debiera detener sus labores y presionar al Ejecutivo y al Judicial para que atiendan la emergencia nacional y la tragedia humanitaria del país, sólo ha habido simulación. Allí donde Ángel Aguirre debiera renunciar como un signo de dignidad frente a su incapacidad para hacer valer el estado de derecho, sólo existe –al igual que en Michoacán, en Morelos, en Veracruz, en Tamaulipas, en el Estado de México, etcétera– el espectáculo de una justicia fingida. Allí donde el PRD debiera enfrentar su podredumbre y pedirle cuentas, sólo ha estado –un signo de todos los partidos– defendiendo lo indefendible.

Allí donde Miguel Ángel Osorio Chong debiera tomar cartas en el asunto y examinar a conciencia la inoperancia de su estrategia de paz y justicia, sólo ha estado el profesor que descubre el hilo negro: las desapariciones tienen que ver con las policías penetradas por el crimen organizado. Allí donde Enrique Peña Nieto debía dar cuenta de la corrupción de su partido, de las violaciones y asesinatos de Atenco, y del desastre en el que, semejante a Calderón, tiene sumido al país, está un hipócrita maestro de moral. 

Todo en nuestra vida política muestra la inexistencia del Estado, su mutación en una dictadura de nuevo cuño donde criminales y gobiernos trabajan para someternos al miedo, a la muerte y a una inédita forma de esclavitud. En esa nueva dictadura los jóvenes son la mayor parte de los prescindibles, de los que estorban, de los que pueden ser desaparecidos, asesinados, secuestrados o pasar a formar parte de los ejércitos de reserva del crimen o de los grandes capitales, y cuya vida y destino a nadie importa.
Es evidente que el futuro del país ya no está en manos de la clase política. La reforma del Estado y la salvación de la nación son imposibles con ellos. Son –lo dijo Edgardo Buscaglia— “el corazón de la delincuencia”. Está, por el contrario, en las de los propios muchachos. Las protestas de los estudiantes del Politécnico y las movilizaciones de los normalistas, que rememoran las del #Yo Soy 132, hablan de ello.

¿Serán capaces de reunir nuevamente la indignación de la reserva moral del país para articularla en un gran movimiento nacional? ¿Serán capaces de entender que son ellos los únicos que, tomando en sus manos el presente, pueden salvar su futuro y el de la nación? ¿Serán capaces de articular una lucha no violenta y llena de contenido que, sumando las demandas de los pueblos indios, rescate el corazón de México y pueda poner un coto a la violencia y generar una nueva forma de Estado? Yo, como muchos, lo deseamos y estamos dispuestos a luchar a su lado y poner lo que sabemos a su disposición. Mientras eso no suceda, el país continuará perdido.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, detener la guerra, liberar a José Manuel Mireles, a sus autodefensas, a Nestora Salgado, a Mario Luna y a todos los presos políticos, hacer justicia a las víctimas de la violencia y juzgar a gobernadores y funcionarios criminales.

AYOTZINAPA, ¿Qué país es éste Guadalupe?

Genaro Vazquez                                  

 

https://www.youtube.com/watch?v=hz2lMAR1rs0 

Las normales le estorban al modelo neoliberal  



La escuela normal rural "Raúl Isidro Burgos", en Ayotzinapa, Guerrero. Foto: Octavio Gómez
La escuela normal rural "Raúl Isidro Burgos", en Ayotzinapa, Guerrero.
Foto: Octavio Gómez
La violencia contra las normales rurales llegó a su límite en Iguala, Guerrero, luego de la agresión a los estudiantes de Ayotzinapa. La desaparición de 43 compañeros suyos puso en movimiento a sus pares de otras entidades y evidencia que el intento por desparecerlas o transformarlas en centros de formación de “técnicos en turismo” podría dar lugar a una lucha popular, a una expresión de rebeldía amplia, advierte a Proceso la investigadora Tanalis Padilla, quien prepara un libro sobre este tema. Esos centros de enseñanza, dice, son un estorbo para el proyecto neoliberal.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Abandonadas por el gobierno federal durante décadas, las normales rurales –otrora símbolo revolucionario para la educación de los campesinos– carecen de un presupuesto para atender a sus más de 7 mil alumnos, quienes hoy buscan el sustento en las calles, a riesgo de enfrentar los ataques sistemáticos de policías y bandas del crimen organizado, como sucedió el pasado 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, con los estudiantes de Ayotzinapa.
De las 29 instituciones originales sólo quedan 17. En los últimos 40 años, además de las agresiones, cada vez más frecuentes y violentas, los gobiernos estatales y el federal han intentado a toda costa cerrarlas o transformarlas en centros de educación técnica para formar sólo “técnicos de turismo”.
Esa tendencia se manifestó en 2000, cuando la Escuela Normal Luis Villarreal, en El Mexe, Hidalgo, sufrió los embates y ocho años después se convirtió en universidad politécnica. En noviembre de 2012 le llegó el turno a la Normal Vasco de Quiroga, en Tiripetío, Michoacán, donde hubo 133 detenciones.
En el ínterin, entre 2007 y 2011, se desató la represión contra los estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos –conocida como Ayotzinapa–, en Guerrero. En ese periodo murieron dos jóvenes por disparos de la policía estatal.
  La desestabilización contra los estudiantes guerrerenses se agudizó el pasado 26 de septiembre, cuando policías de Iguala dieron muerte a dos de ellos. Ese día desaparecieron también 43 normalistas.
El miércoles 8, luego de la marcha de protesta en Chilpancingo, un normalista de Ayotzinapa subió a la tarima y tomó el micrófono para demandar la presentación de sus 43 compañeros: 
“El Estado nos ve como el enemigo y sólo somos estudiantes”. Su voz retumbó en las paredes del palacio de gobierno.
Desde los setenta, el gobierno federal asocia a las normales rurales con la rebeldía, pues de ellas han egresado luchadores sociales como Othón Salazar, Pablo Gómez, José Santos Valdez, Misael Núñez Acosta, así como los guerrilleros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez.
(Fragmento del reportaje que se publica en la revista Proceso 1981, ya en circulación)
http://www.proceso.com.mx/?p=385188 

AYOTZINAPA, 2012    ¿Qué país es éste Guadalupe?


https://www.youtube.com/watch?v=f-LdCDN0LpY
Actualizado el 19/1/2012
Un estudiante pregunta: ¿Qué país es éste Guadalupe? Y tú contestas que este país no merece el nombre de país sino de tumba, féretro o sepultura, que en este país hoy se privilegia más que nunca a la carroña y a los poderosos, y que en este país hay una escuela para preparar maestros rurales, llamada Normal Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa Guerrero, y que además hay otras muchas de corte similar, fundadas desde principios del siglo XX, y que todas están impregnadas del delicado aroma de la tierra. Pero hoy todas ellas, hermanadas en la lucha, duermen sobre la misma almohada de la pobreza, con todo y que el hipócrita gobernador perredista asegura que la educación es asunto prioritario en su gobierno.

Fieles al evangelio de los "puros"
sacrifican una paloma blanca
en los dorsales del pueblo moribundo,
incendiando la hojarasca seca
de su verbo nauseabundo.

A expensas del pueblo atribulado
devotos traficantes de promesas,
engañan al obrero, al aliado,
al amigo, de ellos todos presas
sentados en sus mesas
se enriquecen con desdoro
en prósperas empresas.

Aves del mal, que vuelan sin decoro
con su alas regidas por el oro
llegará el día, así como si nada,
¡que se vayan todos a la Chingada!

Titular de la CNDH está por concluir su gestión… y su residencia de lujo

El Presidente de la , , estrenará una casa valuada en 20 mdp bit.ly/ZL65UQ
El Presidente de la , , estrenará una casa valuada en 20 mdp



Titular de la CNDH está por concluir su gestión… y su residencia de lujo              



El presidente de la CNDH, Raúl Plascencia, durante una comparecencia en el Senado. Foto: Germán Canseco
El presidente de la CNDH, Raúl Plascencia, durante una comparecencia en el Senado.
Foto: Germán Canseco
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- El titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Raúl Plascencia Villanueva, construye una mega residencia en la calle Xitle de la colonia Jardines del Pedregal sobre un terreno de 795 metros cuadrados.
Plascencia, quien está a punto de concluir su gestión al frente de la CNDH, demolió su antigua casa para levantar una residencia de tres pisos de estilo contemporáneo, con acabados de lujo, jardín y cochera, según Reforma.
El diario publica que, de acuerdo con precios del mercado, la obra vale aproximadamente  
20 millones de pesos y será concluida días antes o después del 13 de noviembre, precisamente cuando termina el periodo de Plascencia en la presidencia del organismo.
Reforma detalla que según la escritura pública número 2814, con fecha del 16 de agosto de 2012, inscrita en el Registro Público de la Propiedad y de Comercio del Distrito Federal, el predio ubicado en el número 30 de la calle Xitle, en Jardines del Pedregal, fue vendido por Nahúm Beltrán Pérez a Adelita Deyanira Ortiz Kuri, en 5 millones 474 mil pesos.
La compradora es esposa de Raúl Plascencia Villanueva, y ha sido su acompañante en diversos eventos públicos.
El 6 de noviembre de 2009, a esa casa de Fuentes del Pedregal llegaron Isabel Miranda de Wallace y Mariana Gómez del Campo para felicitar al abogado por su nombramiento. Ese mismo día, en ese mismo domicilio dio una entrevista en la que se comprometió a ser un ombudsman “muy cercano a la sociedad”, recuerda el periódico.
Plascencia Villanueva tiene un sueldo mensual neto de 131 mil 736 pesos (según el tabulador de la CNDH), que en cinco años (60 meses) equivaldrían a un ingreso total de 7.9 millones de pesos, sin contar bonos y otras prestaciones.

El titular de la CNDH se ha negado a presentar declaración patrimonial como estipula la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos.
Por lo tanto, agrega Reforma, no existen registros de sus bienes al llegar a la CNDH, ni ahora que está a punto de dejarla.
Vía Ley de Transparencia, el diario hizo una solicitud de información pero el comité de información de la CNDH respondió que “las declaraciones de situación patrimonial son clasificadas como información confidencial, toda vez que contienen datos específicos como domicilio, ingresos, familia, bienes y gravámenes”.
http://www.proceso.com.mx/?p=385239

16 oct. 2014

Motivos

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Motivos





Los dejan de tomar en cuenta porque la educación pública ha dejado de ser una prioridad. Los marginan porque no encajan en los ajustes estructurales –es decir, en la (re) escritura de la historia, tal y como la entienden los gobernantes de México desde la década penúltima el siglo pasado. Los sacan de los programas institucionales porque los jóvenes funcionarios recién llegados no estudiaron en universidades públicas y menos en normales rurales sino en instituciones foráneas de excelencia o, cuando menos, en algún reducto clasemediero nacional y ellos, los funcionarios, sí entienden el país y tienen claras sus necesidades. Los minimizan porque el agro necesita ser redimensionado a la baja (así hablan los funcionarios) y readecuado a los imperativos de un país moderno. Los dejan fuera de los presupuestos.

Ellos piensan distinto. Creen que su derecho a la educación y al trabajo es algo más que un anacronismo constitucional. Saben –porque vienen de entornos que acusan la carencia– que la enseñanza es tan necesaria para vivir como la canasta básica y tienen claro que no es posible construir un país moderno sobre millones de analfabetismos y sobre millones de marginaciones ni aspirar a la convivencia armónica en una economía que manda a los basureros de su mercado a las personas y a las colectividades que no tienen una etiqueta precisa de índice de rendimiento.

Protestan. Acuden en tropel
a las oficinas de los servidores públicos para exigir que no se aplique la tecla delete a su escuela, a su formación, a su futuro y al de sus pueblos. Dejan en los vestíbulos un halo de olor a campo y a pobreza. Causan disgusto con sus modales agrarios y sus expresiones bastas. Los servidores públicos los encuentran primitivos y rudos; nada que ver con los atentos empresarios que acuden a gestionar permisos y concesiones, que hablan desde la seguridad del adinerado y del protegido, que dejan tras de sí regalos y, con frecuencia, sobornos.

Les cierran las puertas porque resultan molestos y desagradables, porque no tienen maneras, porque quiénes se han creído para exigir el cumplimiento de la palabra empeñada, del compromiso firmado. Ya se les conseguirá alguna limosna presupuestal, siempre y cuando se conduzcan con humildad. Se les detesta porque son respondones e insumisos, es decir, porque se niegan tercamente a despojarse de la dignidad. Los ignoran porque no rinden pleitesía a las atribuciones del poder.

Los reprimen porque bloquean el tránsito, porque dan una mala imagen del país, porque afectan al comercio. Ellos resisten y entonces alguien en las alturas institucionales ata cabos y recuerda que esa escuela normal es un semillero de fascinerosos y de subversivos y decide darles un escarmiento: nadie (nadie que importe, nadie que tenga poder de decisión, músculo empresarial y financiero, tribuna mediática masiva) lamentará que un par de esos jóvenes alborotadores resulten muertos a balazos. Porque nadie (ninguno de los que verdaderamente pesan) dijo nada cuando las fuerzas policiales recibieron la orden de matar a un par de levantiscos en Atenco y de violar a todas las mujeres que pudieran, que eran, a su vez, botín de la guerra contra una comunidad que echó a perder importantes negocios. Bueno, la verdad es que en ese entonces muchos aplaudieron.

Los persiguen porque forman parte de ese entramado que resiste y denuncia los planes de comercialización del territorio nacional; porque son rescoldo de viejas luchas que dejaron centenares de desaparecidos, de torturados, de encarcelados sin motivo, de movilizados masacrados en la vía pública. Y tienen memoria, y la memoria estorba cuando se trata de modernizar un país para dotarlo de multimillonarios, centros comerciales, aeropuertos de nivel internacional, campos de golf, marinas, maquiladoras, oficinas relucientes amuebladas según el último grito de la moda en las que cada sofá cuesta lo que una familia gasta en comida durante un año.

Miles de horas triple A de televisión y radio han sido invertidas por los consorcios informativos y sus comentadores para informarnos que esos muchachos de Ayotzinapa (como los comuneros de Atenco, como antes los indígenas zapatistas, como los activistas de Morena, como los electricistas del SME, como todos los que luchan contra ese México reluciente, miembro de la OCDE y aspirante a proveedor de cascos azules para las misiones de paz de la ONU) son unos vándalos y malvivientes que sólo quieren sembrar el desorden, la destrucción, el inmovilismo. Por eso estamos como estamos, se suministra el latigazo del lugar común desde sets de televisión, cabinas de radio, teclados a sueldo desde los que se insinúa ya no que los alumnos de la normal rural sean protoguerrilleros, sino que tienen vínculos con la delincuencia organizada. Y ante las cámaras monopólicas, tras la repetición de la muletilla Mire usted, se reflexiona sobre los pobres automovilistas varados por culpa de los díscolos, los ciudadanos honrados que no pueden llegar a su trabajo por las acciones de estos crápulas, los funcionarios que se ven obligados a desviar su atención de las cosas realmente importantes para hacerse cargo de protestas y desmanes sin sentido. La sociedad no se merece a estas lacras. El mundo no se merece a estas lacras. La vida no se merece a estas lacras.

Tal es el estado de opinión que predomina en México, en Guerrero y en Iguala la tarde del 26 de septiembre de 2014, cuando la primera dama municipal se dispone a rendir su informe de labores como presidenta del DIF autóctono, y su marido, que es presidente municipal, se entera de que los jóvenes de Ayotzinapa han llegado a la ciudad para hacer nuevos desmanes. Y después de eso las versiones difieren porque hasta hoy las autoridades estatales y municipales no se han tomado la molestia de esclarecer qué pasó, de procurar justicia ante el homicidio de seis personas a manos de la policía municipal ni de dar con el paradero de los 43 alumnos normalistas que fueron secuestrados por una fuerza combinada de la policía y de una organización delictiva que –ahora venimos a enterarnos– ejercía el poder público en la ciudad.

Se debe reconocer, con todo, que el peñato –compuesto por un triángulo partidista en el que caben, además del PRI de siempre, Acción Nacional y esa Nueva Izquierda que le ha hecho a Guerrero lo mismo que Felipe Calderón le hizo al país– no es el único responsable. A ese grupo político encaramado en el poder a punta de fraudes, corrupción y alianzas con la delincuncia hay que sumarle los intereses transnacionales que necesitan un territorio limpio de protestas y de organización social contestataria. Y ese coro de desinformadores que han predicado por años el desprecio y la condena a los ayotzinapos. Y hay que sumarle, también – last but not least–, las imposiciones de estrategia de seguridad procedentes de Washington, tal como están documentadas en los cables del Departamento de Estado que WikiLeaks y La Jornada difundieron en 2011. Qué oportuno resulta, ahora, presentarse como consternados.

Pero no hay que irse con esas fintas. A los estudiantes de Ayotzinapa, como a muchos otros miles de mexicanos, el poder los mata o los desaparece porque son indeseables, porque son pobres, porque son revoltosos, porque son prietos, porque afean el paisaje, porque son indios, porque son insumisos, porque son nacos, porque se rebelan, porque son respondones y también, claro, porque es más caro, ineficiente e improductivo el satisfacer sus demandas que acceder a las peticiones de la delincuencia organizada.


http://navegaciones.blogspot.mx/

Al filo de la navaja

carmen aristegui / 17/10/2014

Al filo de la navaja

La imagen del profesor emérito Adolfo Gilly con una herida sangrante en la cabeza, caminando junto a Cuauhtémoc Cárdenas, hace unos días en el Zócalo de la capital, es algo que no debe quedar como parte, simplemente, del anecdotario.
La agresión, por sí misma, es inaceptable. En este caso con la agravante que se trataba de dos personas que, junto con otras miles, en la Ciudad de México y otras partes del País se manifestaban para exigir la aparición con vida de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. El propio Gilly recién había publicado un texto -al alimón con Imanol Ordorika- en La Jornada, donde analizaban el caso como un “Crimen de Estado”. En ese momento estaban confirmados los asesinatos de tres estudiantes y cuatro ciudadanos y la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal “Isidro Burgos”.

No quedó claro quiénes y por qué agredieron al ex candidato presidencial y al connotado historiador e intelectual. Hubo quien dijo que se trató de infiltrados, que con esta acción jalaban la atención pública a la escena de la violencia y distraían del significado profundo de esa manifestación. Hubo quien dijo que era una reacción radical de quienes no vieron con buenos ojos la presencia del fundador del PRD, el partido que salió a pedir perdón a la ciudadanía y que en su momento postuló al Gobernador del Estado y al Alcalde de Iguala, sobre los cuales pesan los más graves señalamientos. En cualquier caso, las manifestaciones de la sociedad deben rechazar las expresiones de violencia. La espiral desatada -si se conduce por ahí- puede traer resultados funestos.

Existen todas las razones imaginables para manifestarse, para que las personas expresen su indignación, furia y enojo frente a un poder político e institucional que no ha sido capaz de frenar el grave proceso de deterioro en el que estamos, en parte por impericia e incapacidad, pero sobre todo por la evidente penetración de la delincuencia en no pocas estructuras de Gobierno, partidos políticos y demás autoridades.
La enorme capacidad de tolerancia, paciencia e indiferencia que la sociedad mexicana ha mostrado, por años, ante casos inaceptables e indignantes parece haber empezado a tocar sus límites.

Con el caso Ayotzinapa “las instituciones están a prueba”, dice Peña Nieto. Tiene razón, pero no sólo las instituciones y autoridades, como es obvio, sino también la sociedad mexicana que ha visto con horror estos acontecimientos. La barbarie de hoy nos obliga a pensar en la barbarie acumulada de tantos años en una larga secuencia de acontecimientos que han quedado sepultados en el olvido y, desde luego, en la impunidad.
A diferencia de otros países que intentan procesar delitos históricos y agravios contra la población cometidos desde el poder durante dictaduras y regímenes totalitarios, en México cargamos una enorme cantidad de crímenes, delitos y violaciones masivas a derechos humanos que no hemos sabido o querido procesar como País ni como sociedad.

Esta semana fue presentado el informe final de la Comisión de la Verdad (Comverdad), que refleja la investigación de 30 meses que realizaron Enrique González Ruiz, Pilar Noriega, Nicomedes Fuentes, Aquiles González e Hilda Navarrete, sobre la cruenta década que vivió Guerrero entre 1969 y 1979 en la llamada “guerra sucia”. Los investigadores -que contaron primero con recursos autorizados por el Congreso de Guerrero y que después les retiraron- revisaron archivos, desarrollaron peritajes, abrieron fosas y demás actividades para poder llegar a este informe que se presenta en un contexto por demás crítico, en un estado que ha visto pasar una larga historia de abusos, intolerancia e impunidades.

El informe del pasado que nos muestra hoy este grupo de ciudadanos y defensores de derechos humanos sacude por los testimonios que lograron obtener a pesar de haber transcurrido tanto tiempo; por lo que documentaron acerca de desapariciones forzadas, tortura, asesinatos y “vuelos de la muerte”, con los cuales se pretendió erradicar desde un poder criminal a la oposición, la disidencia o todo aquello que cuestionara un cierto tipo de poder.
Se trata de centenares de muertes y agravios que han quedado sepultados. ¿Cuánto de lo que está debajo de esa alfombra explica situaciones como las de Iguala y Guerrero?

La radicalidad de los chicos de Ayotzinapa -que representan esas herencias- es respondida de la misma manera por quienes obtienen el poder, no por la vía democrática sino por la imposición, el fraude y las simulaciones, con el uso de una fuerza que les fue conferida para proteger a los ciudadanos, no para disparar en su contra.

15 oct. 2014

No hay gobierno

~ Navegaciones ~: No hay gobierno:




                                                               Foto: Reuters 
La foto impresiona: el joven efectivo de la Policía Federal que vigila el sitio en el que fueron encontradas fosas con restos humanos en Iguala sostiene, sin
esfuerzo aparente, una ametralladora M-60 de diez kilos de peso. Era el arma con la que la infantería estadunidense se abría paso en los arrozales de Vietnam y en los vecindarios polvorientos de Faluya, aunque al norte el Río Bravo se le considera obsoleta y ya está siendo remplazada por un nuevo modelo. 
El personaje de la gráfica tiene el dedo nervioso pegado al guardamonte y la
canana de cartuchos, colocada a modo de banda presidencial holgada, le cuelga
por debajo de la rodilla. Por si se le acaban esos cartuchos porta, además, un
estuche con varios cargadores, chaleco antibalas, casco con gogles, un kefiyeh
palestino enrollado en el pescuezo –último grito de la moda entre las fuerzas
especiales y cuerpos contrainsurgentes: expropiar el emblema mundial de los
insumisos– y el distintivo reglamentario con bandera, escudo y nombre del país,
México, pegado al hombro. Lo único que desentona con la imagen de guerrero
feroz es su mirada de inocencia; en ella queda claro que el muchacho no tiene
la menor idea de lo que está haciendo.


No es el  único. El gobierno federal custodia ese sitio –relevante sólo para la investigación  criminalística– como si se tratara de una central nuclear pero allí sólo hay
unos hoyos en los que el 4 de octubre fueron encontrados restos humanos que
podrían pertenecer, o no, a algunos de los estudiantes normalistas secuestrados
por la policía de Iguala entre el 26 y el 27 de septiembre y desaparecidos
desde entonces. Han aparecido más fosas pero hasta ayer, lunes 13 de octubre,
ni la autoridad federal ni la estatal habían informado con claridad quiénes ni cuántos
son los muertos hallados en ellas. Más allá de cualquier escrúpulo, ambas
instancias parecen más preocupadas, la primera, por utilizar la barbarie
policial del municipio para destruir políticamente al gobernador guerrerense y
a su partido, el PRD, y éstos, por aferrarse a como dé lugar a esa posición de
poder.


Mientras  la Federación exhibe el poderío de sus policías acordonando agujeros macabros pero vacíos, las balaceras, los asesinatos y los “levantones” prosiguen su
curso en la normalidad sangrienta impuesta por Felipe Calderón y combatida por
Enrique Peña Nieto con el viejo método de esconderla bajo la alfombra, pero ni
así: los muertos se desbordan por todas partes y los homicidios de estas
semanas en Chihuahua, Acapulco y Ecatepec son una muestra. Uno se pregunta por
qué la prioridad de resguardar cementerios clandestinos con cuerpos de asalto
por sobre la necesidad de custodiar vidas y la respuesta inevitable es que las
vidas no importan tanto como la imagen mediática. Hay que preocuparse sólo cuando
los asesinatos empiezan a deteriorar la percepción del país entre los
inversionistas extranjeros, como lo dijo el fin de semana Luis Videgaray con un
cinismo asombroso a propósito de los jóvenes muertos y desaparecidos de la
Normal de Ayotzinapa. Los muertos que para el secretario de Hacienda
constituyen un riesgo de disuasión financiera son, en manos del PRI y del PRD,
instrumentos de campaña de cara a procesos electorales próximos. Así estamos.

Desde luego, la ineptitud y la indolencia de Ángel Aguirre Rivero ameritan su salida del cargo a la brevedad, pero no es el único caso. A dos años de instaurado el
peñato, la Segob, la PGR, el Cisen (¿qué hacía el Cisen mientras la
delincuencia organizada se apoderaba de Iguala? ¿Buscaba con microscopio agentes
del Estado Islámico infiltrados en el territorio nacional?) y el propio Peña
Nieto han incumplido en forma escandalosa, exasperante e inadmisible, su
obligación de garantizar la seguridad pública y el derecho a la vida de las
personas, que es el principal deber de un gobierno. En este sentido, los
muchachos de Ayotzinapa muertos y desaparecidos confirman la desaparición de
todo sentido nacional en una institucionalidad utilizada no para servir a la
población sino para saquear, entregar el país al extranjero y pasear por el
mundo la frivolidad oligárquica en un avión de 7 mil millones de pesos.

Localizar y presentar a los estudiantes de Ayotzinapa debe ser la última tarea de Aguirre  y también la última de Peña. Y después de eso es necesario que ambos pidan
licencia a sus cargos respectivos porque gobierno, lo que se llama gobierno,
aquí no hay.


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Fin al narcogobierno
John M. Ackerman
  Carlos Navarrette, Armando Ríos Piter, René Bejarano y Amalia García defienden a su "Gober"
 
La execrable masacre de Iguala ha exhibido la enorme podredumbre de las instituciones políticas en todos los niveles de gobierno. Pero también ha reactivado redes de solidaridad locales, nacionales e internacionales, cuya fuerza podría finalmente poner fin a la ignominia del (neo)liberalismo despótico, en el poder desde la fundación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1946.
Ha surgido un histórico concierto de voces coincidentes en favor de la renovación de la política nacional: desde el Parlamento Europeo (véase: http://ow.ly/CD3fn ) hasta los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional; desde Amnistía Internacional hasta el Partido Democrático Popular Revolucionario (PDPR-EPR) (véase: http://ow.ly/CD3cq ); desde la Organización de Naciones Unidas (ONU) hasta las autodefensas de Michoacán; desde los yaquis de Sonora hasta los policías comunitarios de Guerrero; desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hasta el Movimiento de Renovación Nacional, y desde París hasta Buenos Aires.
México es uno de los únicos países en América Latina que no han experimentado una transformación en su clase política durante las últimas décadas. A diferencia de países como Brasil, Ecuador, El Salvador, Uruguay, Colombia, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Argentina y Chile, en México el proceso de supuesta democratización ha dejado totalmente intactas las redes de poder de los mismos de siempre. Los procesos de transformación en aquellos países no han estado libres de importantes contradicciones y grandes retos hacia el futuro, pero nuestro país ni siquiera ha iniciado el camino.
El crimen de Estado cometido en Iguala es el resultado natural de la conquista de la Presidencia de la República por un grupo de gobernadores feudales priístas que no cuentan con experiencia alguna en el ejercicio democrático del poder. Recordemos que Enrique Peña Nieto y cuatro de sus secretarios más importantes son ex gobernadores de estados que no han experimentado alternancia política alguna.Miguel Osorio Chong y Jesús Murillo Karam fueron gobernadores del estado de Hidalgo, estado bajo el férreo control de una mafia política local conocida por su corrupción y su intimidación a los rivales. Emilio Chuayffet y el mismo Peña Nieto son destacados representantes de la familia política de Atlacomulco fundada por Carlos Hank González, una de las redes de poder más perversas y retrógradas que han existido jamás en la historia de México. Y Pedro Joaquín Coldwell, el cuestionado Secretario de Energía actual, fue antecesor tanto del narcogobernador Mario Villanueva como del bebesaurio Beto Borge, quien actualmente despacha en el gobierno de Quintana Roo.
La forma en que opera este grupo político es por medio de la subordinación de las instituciones públicas a las redes informales de alianzas personales, políticas y de negocios. Por medio de pactos, prebendas e intercambios de la más diversa índole tejen una telaraña de control político, dominación social y enriquecimiento personal. El desplazamiento del Congreso de la Unión y la domesticación de la oposición política por medio del Pacto por México simbolizan la consolidación nacional de esta forma corrupta de gestión de poder. Y la masacre de Iguala exhibe la cara más sangrienta de esta misma descomposición institucional fomentada desde Los Pinos en todo el país.
Ángel Aguirre, gobernador de Gue­rrero, constituye el perfecto representante del putrefacto sistema que hoy nos malgobierna. Aguirre ya fue gobernador del mismo Estado, entre 1996 y 1999, bajo las siglas del PRI. Fue el remplazo elegido por el sistema autoritario, con Chauyffet como secretario de Gobernación, para cubrir la espalda al cacique Rubén Figueroa después del masacre de Aguas Blancas, un asesinato en masa de activistas sociales muy similar al ocurrido en Iguala el pasado 26 de septiembre. Aguirre hoy funge de nuevo como gobernador gracias a los buenos oficios del Partido de la Revolución Democrática (PRD), otro ejemplo de la pantomima en que se ha convertido este otrora partido de la oposición.
La defensa de Aguirre tanto por los líderes del PRD (Carlos Navarrete, Armando Ríos Piter, René Bejarano, entre otros) como por César Camacho, también ex gobernador del estado de México, no es gratuita. Aguirre encarna el sistema de corrupción estructural (Ir­ma Eréndira Sandoval dixit, véase: http://ow.ly/CD3Gw) que tiene postrada a la nación entera. Si cae Aguirre, podrían también caer rápidamente, como fichas de dominó, otros gobernadores igual de retrógrados, como Eruviel Ávila, Rafael Moreno Valle, Javier Duarte, César Duarte, Graco Ramírez, y Manuel Velasco, entre otros. En realidad, haría falta una radical renovación política en todos y cada uno de los 31 estados de la República, así como en el Distrito Federal. No hay un solo mandatario local honesto que defienda sin regateos las causas populares.
Evidentemente también hace falta transformar la política nacional. La abierta complicidad de los militares posicionados cerca de Iguala durante la masacre (denuncia de un testigo normalista aquí: http://ow.ly/CCLNJ ) revela que este crimen de lesa humanidad de ninguna manera puede ser atribuido solamente a factores locales.
En Bolivia, el retorno del antiguo dictador Hugo Bánzer a la presidencia en 1997 por la vía electoral dio un fuerte empuje al amplio movimiento popular que llevaría a Evo Morales al poder en 2006, y que a partir de los resultados electorales de ayer se mantendrá en el poder hasta 2019. De la misma manera, el retorno de los dinosaurios del PRI, como Peña Nieto, Aguirre y Chuayffet, también tendrá que desembocar tarde o temprano en una radical transformación de la política nacional.
www.johnackerman.blogspot.com
Twitter: @JohnMAckerman
http://www.jornada.unam.mx/2014/10/13/opinion/022a1pol